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Fantasía catalana

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Hagamos un poco de historia fantaseada. Más han hecho los mandamases catalanes y se lo ha tragado un montón de gente durante años; ¡vete a desmentirlo ahora, anda!. Lo cierto es que cuando la especulación o la simple mentira se instalan, la verdad (si tal cosa existe) pasa a ser mentira aunque no lo sea del todo, ¡en fin, un auténtico galimatías! Pero si no mentimos, por lo menos fantaseemos:

Por el año 26 d.C. un contingente armado romano, tal vez parte de una legión, procedente de la Hispania Citerior Tarraconensis fue enviado a la tierra de Judea al mando de un tal Poncio Pilato, que, por cierto, se especula con que había nacido en la ciudad de Tarraco, por más señas en la Colonia Iulia Urbs Triumphalis Tarraco. Añado, para explicar el primer párrafo de este palique, que el tal Poncio es el que preguntó qué era la verdad y no le respondió ni Cristo.

Como todos sabemos, unos años después hubo cierta crucifixión en Jerusalén, después de que el prefecto Pilato se enjuagase las manos; hay quien dice que acababa de tomarse unas torrijas con los dedos, adelantándose a lo que habría de ser la semana santa.

Por otro lado, el apellido Puigdemont viene a significar ‘pico de monte’, y como bien sabemos, los picos de los montes suelen estar pelados de vegetación (se ignora qué hacen algunos de tal apellido con tanto pelo); pues bien, los picos pelados de los montes son calvarios —lugares a las afueras de las poblaciones en el que se implantan cruces—, con lo que nos encontramos de nuevo que la crucifixión mencionada se hizo en un calvario o pico pelado, ¡en un puigdemont, vamos!

De todo ello, podemos deducir con bastante aproximación —aunque si nos equivocamos nos da lo mismo— que a Cristo lo mataron los catalanes.

La peregrina teoría podría sustentarse en afirmaciones pintorescas como la del chalado escritor catalán Pompeu Gener (¡mira qué curioso: otro nombre más que latino: Pompeyo!) que andaba diciendo: "La feroz tiranía política que pesó sobre el catalán, durante siglo y medio, contribuyó a que fuera semejándose al judío [...] así el escaso fondo de semitismo que hubiera en el pueblo catalán, triunfó del ario y se sobrepuso". ¿O sea que se impusieron los aires semitas en Cataluña? Pues más a favor de la teoría peregrina del deicidio que acabo de sacarme de la manga.

Claro que el tal Pompeu era un racista de tomo y lomo. Antecesor del señorito Torra en insultos torpeza y mala baba, llegó a llamar a los españoles inútiles, vagos, torpes, fanáticos, serviles, infames y de raza inferior. Cómo sería el tipo de exaltado que terminó sus días loco en un manicomio.

Y fuera de fantasías, o más bien insistiendo en ellas desde la apariencia de realidad, vuelven ahora las historias independentistas, descalificadoras, con acuerdos secretos y torticeros para que unos saquen votos, los otros saquen tajada y todos terminemos hartos. ¡Vamos a echar de menos los tiempos duros de la covid en que los independentistas incordiaban sólo desde el balcón, como los demás!

Ya digo que no hay arreglo, que cuando intentamos ver cómo salimos de una pandemia —o lo que sea— que debiera convertirnos en mejores y más solidarios, seguimos en nuestras trece, o sea como Benedicto XIII, el Papa Luna, que ya se sabe que era casi catalán por aquello de medrar en el Reino de Aragón, aunque hubiese nacido en un pueblo de Zaragoza.

Fuimos de la fantasía catalana, territorial, localista y un tanto desquiciada a la cruda realidad de la enfermedad global que es cosa bastante más seria, y estamos regresando a la torpe pelea de "mi pueblo es mejor que el tuyo" y el "nosotros valemos más que vosotros". ¿A alguien le extraña que entre tanta fantasmagoría se me ocurra bromear con que a Cristo lo mataron los catalanes?

Enrique Gracia Trinidad

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